martes, 2 de noviembre de 2010

Enemiga número uno

Lo intento, sabés que sí, cada día que nos vemos. Cada tarde a las cuatro en punto. Pero no, la señorita no quiere. Y me ves reunir toda la paciencia del mundo para lograrlo, pero no. La señorita es testaruda. Te burlás de mi. De la delicadeza con la que uso el índice y el pulgar de la mano derecha para quitarte enterita, como debe de ser. Pero no. A veces me hacés creer que lo conseguí, te reís por lo bajo, y justo cuando estás por salir incólume, te venís a romper ahí, justo ahí, y entonces, largás tu carcajada y terminás salpicándome la solapa del saco o la blusa a la altura del ombligo. Maldita seas.
Cuando sea presidenta voy a decretar "Enemiga número uno: la tapita del yogur". Vas a ver.

Y venite vestida como la de la foto, a ver qué valiente se anima con ese sabor.


jueves, 9 de septiembre de 2010

Tranquilos, no contagia

Y sí, es que no soy regular. Me viene cuando quiere. Cuando quiere quién, me pregunto. Y me manché. Y estaba en el subte. Bastante me manché. Parada, dentro del subte. Por qué no habrá baños en los subtes también me pregunté. Y me había puesto el pantalón color crudo. No, el que me regalaste, no; el otro, el que me queda recontra ajustado. No, no iba muy lleno; yo iba parada, pero había lugar. La mirada atroz del tipo de traje y lentes sin marco fue la que me hizo percatar. Y bue, cuando llego a casa me cambio y lo lavo, mala suerte, pensé. Y seguí leyendo los anuncios esos que ponen arriba de las ventanillas. Hasta que me crucé con la mirada rara, más bien, con esa forma extraña de abrir los ojos que había adoptado aquella mujer que podría haber sido mi tía Chola. No se animaba a emitir sonido alguno, pero abría grandes los ojos y subía apenas las cejas mirándome fijo, indicándome con una señal secreta solo entendible por mujeres que me había manchado. Pobre, ella está más incómoda que yo, pensé. Y le hice una caída larga de párpados, que en nuestro idioma secreto recién inventado significó Ya me di cuenta, gracias. Pero la señora de trajecito chanel que estaba parada a mi derecha también se cruzó con la mirada rara de esta mujer. Y como era del gremio femenino, entendió el código al instante. Buscó "lo raro", vio la mancha roja y de inmediato se apartó como dos metros hacia allá. Tranquila, no contagia, pensé. Ni salpica, estúpida. Y ahí fue cuando la mujer que estaba sentada frente a mí me hizo la seña con la mano, los cuatro dedos más largos apretaditos en un vaivén, que decían con claridad Acercate, querida, que tengo algo para decirte en la intimidad. Sí, ya sé, me manché, pero quédese tranquila, que no voy a pedirle el asiento. Sale con agua fría, no vayas a ponerle jabón. Ah, qué buen consejo. Me bajé en la siguiente. Desde la escalera mecánica hasta la puerta del quinto hache sentí que todas las miradas del planeta, incluídas las de los pájaros, iban dirigidas a la mancha con forma de mapa de Cuba que se había formado en mi pantalón color crudo. Era cierto, sale con agua sola.

sábado, 12 de abril de 2008

Fiestaaaaaaaaaaaaaa!!!

Quieren un consejo? ¡¡¡No lo hagan!!!
No ofrezcan su casa, esa casa típica de matrimonio sin hijos, llena de adornos y adornitos y libros y discos y revistas por todos lados, no la ofrezcan para que venga tooooooooooooooooooooda la familia, ex maridos incluidos, a festejar que la nieta cumple 1 año y su madre (mi hija) sus 29 (¡a comer ñoquis! No, mamá, no seas antigua: ahora es ñokis, con ka).
Hace como setenta mil horas que estamos guardando todo lo que se podría romper y corriendo sillones y la mesa y las sillas, y colgando guirnaldas y la cinta scotch que no pega bien y la p...
Los globos mejor inflalos mañana, que si no se desinflan (¿no sabés acaso que los globos también pertenecen al ejército de los objetos malintencionados?).

Bueno, mejor sí. Ofrezcan su casa para que vengan todos los que quieran. Que hay que festejar.

Y vamos a cantar el hit del verano!!!!!!
Saco una manito,
la hago bailar,
la abro, la cierro,
la vuelvo a guardar.

Totaaaaaaaaaaaal, ni pienso cocinar.

La letra de la era

Y sí. Estamos en la era K.
Pero lo mío no es una cuestión de política; es una cuestión más bien genética. Es algo que viene de familia. La letra K.

Mi apellido termina con K.
El de mi marido empieza con K.
Y mi nieta se llama Nika.

¡Obvio! El nombre lo elegí yo.

Pero no es fácil la cosa, che.

-¿Cómo? ¿Mica?
-No, no; Nika, con ene y ka.

Y así siempre. En el almacén, en la oficina, en la calle, en la plaza, en la sala de espera.
Nika con ka.

Cuando me preguntan mi apellido por algún trámite, tengo que deletrearlo y desde ya termino siempre con la remanida frase "ka de kilo".

Letra complicada esta K, que hay que andar haciendo aclaraciones.
Complicada pero linda. Me gusta. Por lo especial, ¿vieron?