Y sí. Estamos en la era K.
Pero lo mío no es una cuestión de política; es una cuestión más bien genética. Es algo que viene de familia. La letra K.
Mi apellido termina con K.
El de mi marido empieza con K.
Y mi nieta se llama Nika.
¡Obvio! El nombre lo elegí yo.
Pero no es fácil la cosa, che.
-¿Cómo? ¿Mica?
-No, no; Nika, con ene y ka.
Y así siempre. En el almacén, en la oficina, en la calle, en la plaza, en la sala de espera.
Nika con ka.
Cuando me preguntan mi apellido por algún trámite, tengo que deletrearlo y desde ya termino siempre con la remanida frase "ka de kilo".
Letra complicada esta K, que hay que andar haciendo aclaraciones.
Complicada pero linda. Me gusta. Por lo especial, ¿vieron?
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